Comentario sencillo de un texto lírico (Una práctica)

Análisis de texto
Las autoras:Loreto Fanlo Abellá, Mª. Concepción Parés Grahit y Carmen Trisán Encuentra

Anónimo
Romance de una morilla de bel catar (Romancero)


1 Yo me era mora Moraima
morilla de un bel catar;
cristiano vino a mi puerta,
cuitada por me engañar.
5 Hablóme en algarabía,
como aquel que la bien sabe:
-Abrásme la puerta, mora,
sí Alá te guarde de mal.
-¿Cómo te abriré, mezquina;
10 que no sé quién te serás?
-Yo soy el moro Mazote,
hermano de la tu madre,
que un cristiano dejo muerto,
tras mí venía el alcalde:
15 si no me abres tú, mi vida,
aquí me verás matar.
Cuando esto oí, cuitada,
comencéme a levantar;
vistiérame una almejía,
20 no hallando mi brial,
fuérame para la puerta
y abríla de par en par.


Durante la última etapa de la Reconquista, en la frontera entre los reinos moros y cristianos, especialmente en el de Granada, surgieron los romances moriscos o fronterizos, que ya quedan lejos, por sus características formales y temáticas, de los rudos romances históricos desgajados de las gestas. El Romance de la mora Moraima es, a la vez que morisco, un romance novelesco: frente a otros de su género, como Abenámar o Ay de mi Alhama que aluden a episodios conocidos de la guerra de Granada, este romance se aleja de la anécdota conocida para ganar en artificio novelesco, en dramatismo lírico y en resonancias poéticas.
En sólo veintidós octosílabos asonantados se nos cuenta una turbadora historia de amor, un engaño, una entrega confiada, o bien, una justificación ante no se sabe qué juez y el arrepentimiento por un error cometido, y, quizás también, un artificioso montaje exculpatorio dirigido a quien se cree con derecho a juzgar la libre decisión de un corazón enamorado.
La ambigüedad de la historia, el final trunco y la elipsis crean un clima denso de pasión amorosa, secreto peligro, arrepentimiento y duelo; es decir, la imaginación queda abierta a cualquier desenlace posible y la fantasía poética a mil analogías y sugerencias.

El tema del romance es la concesión a la pasión amorosa, la entrega ante los requerimientos del amante. La historia, en primera persona, la cuenta una mujer, una bella mora. Explícitamente se alude a un doble engaño: un cristiano que se hace pasar por moro para entrar en la casa y la falsedad en la declaración de intenciones del cristiano a Moraima. La confusión alcanza también a la última decisión: ¿abrió la bella mora la puerta a un tío suyo o a un amante secreto? Por todo ello y por las múltiples alusiones a la culpa y a la pena, este romance se acerca también a la canción lírica que trata el tema de la debilidad femenina frente a la sociedad, al marido o a las propias pasiones[1].
Como es frecuente en muchos romances, en éste alternan la narración y el diálogo. Podemos diferenciar en él claramente tres partes:

En los seis primeros versos se presenta a los dos protagonistas y se establece un conflicto, una relación engañosa entre ellos:

Yo me era mora Moraima
morilla de un bel catar;
cristiano vino a mi puerta,
cuitada por me engañar.
Hablóme en algarabía,
como aquél que bien la sabe:

El romance empieza con el pronombre de primera persona. De manera clara entramos en la historia de la mano de este sujeto lírico y dramático que, enseguida, se nos define como una bella mujer mora, de bel catar[2]. Este eufónico nombre, Moraima, centra una expresiva aliteración en los dos primeros versos:

Yo me era mora Moraima,
morilla...

Como vemos, los sonidos ‘m’ y ‘r’ sugieren un mimoso susurro que se refuerza con el calambur e intensifica con la repetición:

Yo me eramor aMoraim amorilla...

Si a esto le sumamos la aportación afectiva y cariñosa del pronombre de interés me, pseudorreflexivo, vemos que ya desde el arranque aparece en el romance una velada y dulce confesión de amor.
El primer verso juega en perfecto equilibrio antitético con el verso 11 y ambos presentan una declaración de principios, un juego de intenciones contrarias:

Yo me era mora Moraima
...
-Yo soy el moro Mazote

Como vemos, en estos dos versos anafóricos, se produce un paralelismo fónico, léxico y sintáctico que encierra, al mismo tiempo, el misterioso enfrentamiento:

Moraima / Mazote

Moraima, dulce nombre construido sobre mora y amor, de resonancias árabes por su final -aima (compárese con Aixa), se opone a Mazote, de evidentes connotaciones negativas: mazo -dureza, brutalidad- y -ote, aumentativo, despectivo y grotesco (compárese con Don Quijote, Camilote).
Esta misma dualidad se va repitiendo en otros elementos del romance:

morilla --------------- cristiano (falso)
bel catar --------------- engañar
yo me era -------------- yo soy[3]
cómo abriré ----------- ábreme
mi vida ---------------- matar


La conversación en estilo directo entre los dos protagonistas de la historia (vv.7-16) constituye la parte central del romance; frente a la presentación, narrada en tiempo pasado, el diálogo supone un acercamiento al presente: estamos ante la escena y la presenciamos conmovidos:

-Abrásme la puerta, mora,
si Alá te guarde de mal.
-¿Cómo te abriré, mezquina,
que no sé quién te serás?
-Yo soy el moro Mazote,
hermano de la tu madre,
que un cristiano dejo muerto,
tras mí venía el alcalde:
si no me abres tú, mi vida,
aquí me verás matar.

El contraste entre la primera parte y la segunda radica en que en esta parte central, la dramatización y el tiempo en presente le dan más viveza a la historia; es un típico recurso juglaresco el de acercar la escena al espectador y teatralizarla mediante el juego de distintas entonaciones. Algo también muy propio de los romances viejos es la alternancia (v.14) del imperfecto venía, frente al resto de formas en presente. Se explica por el carácter paratáctico del lenguaje juglaresco, reminiscencia de la tradición oral del romance viejo. Este imperfecto rompe la línea temporal de la narración en presente y evita la monotonía introduciendo algo así como un paréntesis que puede ser debido a un pensamiento o a un recuerdo que se añade:

(recuerdo que) tras mí venía el alcalde

O bien se trata de un guiño de complicidad con el público que está escuchando:

(sabed que) tras mí venía el alcalde

Con los versos 15 y 16 termina trágica y amenazadora la dramatización dialogada.

En los últimos versos (17-22) presenciamos el desenlace de la historia. Volvemos a la narración en pasado, a la tensa lucha, en la intimidad, de la bella muchacha:

Cuando esto oí, cuitada,
comencéme a levantar;
vistiérame una almejía,
no hallando mi brial,
fuérame para la puerta
y abríla de par en par.

Se produce de nuevo otro cambio de ritmo. Frente al tono discursivo y racional de las preguntas, siguen las explicaciones exculpatorias de la acción: la protagonista necesita cinco versos para decidirse ante tan urgente demanda. La perífrasis verbal comencéme a levantar y el gerundio de carácter durativo no hallando mi brial, junto con el lamento cuitada y el complemento circunstancial de lugar de fuérame para la puerta retrasan la acción final, retardan el tiempo para expresar el miedo ante la decisión y el intento por evitar lo inevitable:

oí... comencéme a levantar... vistiérame...
no hallando... y fuérame para la puerta

Estamos en el penúltimo verso y todavía pueden ocurrir muchas cosas. Recordemos que venimos hacia esta puerta desde el verso tercero:

cristiano vino a mi puerta

Así todo el romance se configura como un arco tenso entre estas dos alusiones a la puerta: puerta simbólica, de connotaciones eróticas, que se ha de abrir o no.
Y por fin, el decidido verso final con el refuerzo, casi pleonástico, de cómo se abre la puerta:

y abríla de par en par

Puerta abierta del todo y a todo. Apertura a todas las posibilidades que quedan en la imaginación del lector, que no se cuentan. Sabio fragmentarismo de los romances que suprime el melodrama y la banalidad de cualquier desenlace para dejar en el alma toda la amplitud y la belleza de la sugerencia, de la connotación, de la fantasía. Como vemos, todo el poema nos ha dirigido a esta puerta, que se hace inmensa porque se abre de par en par. El sonido claro, abierto, de la vocal a, potencia y subraya esa metafórica apertura[4].
En medio de la relativa uniformidad de estilo del romancero viejo, destaca como recurso expresivo, en casi todos los romances, su extrema sencillez: se eliminan elementos extraordinarios o fantásticos, hay una sobria ornamentación, poca adjetivación, versificación asonantada y monorrima. Es decir, tienden hacia una austera simplicidad formal que coincide con el gusto de la literatura realista española. Pero es precisamente esta ausencia de artificio literario lo que potencia una gran viveza intuitiva de la escena, una emoción clara y fuerte, la apertura hacia el misterio y, en definitiva, el valor poético de la palabra.
Es por esto por lo que la bella Moraima, abriendo de par en par su corazón, como un hermoso jardín que la tradición oral quiere dejar abierto, misterioso y perfumado, nos habla, más que cualquier invención detallada y realista, de la eterna tragedia femenina, del insondable misterio que acompaña siempre a lo que García Márquez llama esa “fracción de siglos” que antecede a toda decisión importante, y del imposible anhelo humano por retener un instante de plenitud.

Guía para el comentario

Tema
Historia de un engaño, consentido o no, que cuenta una muchacha enamorada. Se pueden imaginar distintos grados de ocultamiento de la verdad (ambigüedad del texto).

Estructura
El poema es una confesión, en primera persona, de una mujer mora. Aparece, como es normal en los romances, un breve diálogo en estilo directo. El texto tiene un final trunco. Se pueden distinguir en él tres partes:
- Planteamiento (vv.1-6): presentación de los protagonistas y del conflicto.
- Desarrollo (vv.7-16): conversación entre los dos personajes.
- Desenlace (vv.17-22): apertura de la puerta... a la imaginación del lector.

Como romance, consta de 22 versos octosílabos con rima asonante en a aguda en los pares (a excepción de los versos 6, 12 y 14 que riman en a-e)

Claves del texto
· Buscaremos los rasgos temáticos y estilísticos para definir y clasificar este poema. Por su carácter narrativo, dramático y lírico, podemos considerarlo un romance novelesco; y por el tema y los personajes, lo adscribiremos al grupo de los romances fronterizos o moriscos.
· Aparecen en este romance palabras de origen árabe que los alumnos pueden aprender en su contexto (algarabía, alcalde, almejía), y también otras del castellano medieval que están ahora en desuso o han cambiado de significado (cuitada, mezquina, brial).
· Podemos destacar los arcaísmos sintácticos propios del romancero: anteposición del pronombre personal átono (yo me era mora Moraima, quién te serás); ausencia del artículo en el sintagma nominal (cristiano vino); anteposición del artículo al posesivo (hermano de la tu madre); desplazamiento del adverbio (aquél que bien la sabe); abundancia de pronombre enclíticos (hablóme, abrásme comencéme, vistiérame, fuérame, abríla).
· Es interesante observar la riqueza y variedad de las formas verbales propias del romancero. Así, el pretérito imperfecto de apertura (era) contrasta con los pretéritos perfectos, propios de la narración en pasado (vino, hablóme); a las formas narrativas les suceden las formas en presente (imperativo, indicativo y subjuntivo) que nos acercan a la acción en estilo directo. Hay que hacer una mención especial del uso del pretérito imperfecto venía en alternancia con el presente: soy, dejo, me abres. También se puede hacer ver el valor de la perífrasis comencéme a levantar (acción no acabada, retardadora del desenlace).
· Insistiremos en el carácter fragmentario de las historias en los romances. En este caso nos encontramos con un final trunco que deja abierta la imaginación del lector, a la vez que realza el contenido lírico del romance.

Relación del texto con su época y autor
El romancero viejo debe relacionarse con la fragmentación de la épica, del cantar de gesta, a finales de la Edad Media. Debido al carácter oral de la transmisión de los romances se explica cómo la memoria popular conservó los fragmentos que más impresionaban al pueblo por su relevancia histórica o por su contenido emotivo, y cómo, en este largo proceso de transmisión, los romances fueron transformándose y originaron distintas variantes, se depuraron y estilizaron las anécdotas reales, aumentaron su valor poético y se extendieron por todas las tierras de habla española. Esto explica la constante incidencia que esta poesía popular, así como la canción tradicional, ha tenido a lo largo de los siglos en la obra de los grandes poetas (Siglo de Oro, Romanticismo, Grupo del 27).

Otras actividades
[1] Se puede relacionar este romance, por su forma, con las “canciones de amigo” del cancionero tradicional e, incluso, con la más primitiva de las formas líricas conocidas, las jarchas.
[2] Catar: arcaísmo proveniente del latín captare, que significó “captar”, “tratar de coger”, después “captar con los sentidos”, y, finalmente, “mirar”. Actualmente tiene un significado análogo pero restringido únicamente a los sentidos del olfato y del gusto; se usa especialmente en enología.

[3] Frente al “era”, tiempo pasado, pérdida irrecuperable, el “soy” representa la seguridad, el poder. El mismo contraste se aprecia entre el futuro dubitativo “cómo abriré” y el imperativo “ábreme”.
[4] A lo largo del romance hay un predominio de la vocal a. Contamos 70 aes, de las cuales 25 son tónicas y están en la rima de los versos pares -nueve de ellas en versos agudos-; es decir, desde el primer verso del poema, este sonido claro, abierto, prepara y hace más intensa la sonoridad del verso final: abríla de par en par.

1 comentario:

Evelyn Jimenez dijo...

Esta explicasion es mejor que la que teve en clase, gracias a este articulo muy bien escrito entiendo el poema con mas detalle.